• April 22, 2014
en

Mayra Gualoto - Chicago, IL

Nací en Ecuador y ahí viví hasta mis 14 años de edad antes de mudarme a Chicago. Crecí junto a una fuerte y amorosa mamá y un padre muy tra­ba­jador. Tengo un her­mano y una her­mana menor con quien tengo la dicha de com­partir una pasión muy grande por la evan­ge­lización de los jóvenes. Mudarnos a Chicago fue una tran­si­ción algo dura, pero al mirar hacia atrás, puedo ver la innegable pres­encia de Dios en cada paso que tomamos y confío en que Él nos seguirá guiando a mí y a mi familia ahora que estoy a punto de emprender una nueva misión en Brasil este Agosto.

He ded­i­cado gran parte de mi vida a servir a Dios a través de la evan­ge­lización de jóvenes his­panos en mi arquidiócesis de Chicago. Gracias a este tiempo de ser­vicio he podido exper­i­mentar el amor de Dios de muchas man­eras; Él está vivo, Él está con­migo y nece­sita de mí. No puedo estar más agrade­cida por haber cono­cido per­sonas que me han inspi­rado a seguir a Dios y me reafirman una y otra vez que Su amor es lo único que nos hace real­mente felices y da un sen­tido pro­fundo a nuestra vida.

Además de servir en el Ministerio de Jóvenes, actual­mente tra­bajo de admin­istradora de sis­temas/ser­vicio téc­nico. A pesar de que real­mente me gusta mi tra­bajo, sé que no podría con­tinuar con este deseo de servir a Dios, más que con solo mi tiempo, con todo lo que soy. Puntos Corazón es el lugar en donde siento que puedo servir de la manera que ansío, ya que soy tes­tigo del impacto que una pres­encia de amor puede causar en la vida de un niño, de una per­sona enferma o sola. Muchos de los prob­lemas de nuestra sociedad están enraizados en la falta de amor y com­pren­sión. Por esta razón, es para mí una gran ben­di­ción el ahora ser parte de esta gran familia que lleva la pres­encia de Dios y com­pasión a los lugares más nece­si­tados. Gran ale­gría y entu­si­asmo llenan mi corazón a la expec­ta­tiva de lo que Dios tiene preparado para mí y para todos los que encuentre en esta nueva etapa es Brasil, y espero de todo corazón que me puedan acom­pañar con su apoyo y oración.

"Al hombre que sufre, Dios no le da un razon­amiento que explique todo, sino que le responde con una pres­encia que le acom­paña, con una his­toria de bien que se une a toda his­toria de sufrim­iento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido com­partir con nosotros este camino y ofre­cernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habi­endo sopor­tado el dolor, « inició y com­pleta nuestra fe » " Papa Francisco- Lumen Fidei


Back to top